K E R O L I N S

Lo colaborativo – 130 latidos bajo el agua




(13 de septiembre 2024)

 

 

¡Lo colaborativo como perlas encendidas!

 

“¡Como perlas encendidas!” Esas palabras aparecieron como un borbotón de energía, filtrándose entre lo que estaba tratando de escribir en relación al hacer arte en colaboración. Un transcurrir en el que me y nos vamos sorprendiendo en el camino, y acá va un poco de la historia…

 

Fue en una charla hace tiempo, donde Fernando Farina nos contaba de que se trataría la propuesta del NQN3, cuando apareció en mí esa suerte de “orden divina”, que me dijo: “tu labor será con niñes y adolescentes en el Oeste de la ciudad”. Ese fue el germen de lo que después desarrollaría como proyecto colaborativo: La flor de la Jarilla. (si querés conocer más sobre este proyecto lo encontrarás en el dossier de este sitio web).

 

Una de las características del arte colaborativo, en los contextos artísticos en general, es que surgió primero como un medio/estrategia/recurso para democratizar la práctica artística involucrando en proyectos de arte a comunidades “ajenas” al mundo del arte hegemónico. Un ejemplo local es el Pasaje al Arte donde les artistas junto a les vecines, generan obras en las casas de su barrio, enriqueciendo un patrimonio artístico y cultural con los recorridos diversos de quienes participan en esas  experiencias situadas.

 

Y allí es donde estamos, donde estoy, habitando la posibilidad de estos encuentros de producción de modelado en arcilla. Encuentros en clave de Minga, una práctica cotidiana en Pasaje al Arte, que va vibrando y brindando en lo visible y tangible a los ojos, una producción colectiva  para “Retrato de artista”. Existe en este transcurrir colaborativo  también otros aspectos que son inherentes y  que aún no puedo significar con palabras, pero que me interpelan. Entonces pongo en práctica el rol de artista, docente, performer, canal a disposición de la grupalidad, como hablaba con mi terapeuta el otro día: últimamente percibo que el arte sucede a través de mí, no en mí, sino a través mío.

 

Esa actitud puede ser desplegada hacia las direcciones que vaya sintiendo, donde vaya siendo guiada a hacer. Y cuando digo guiada a hacer, esto no es pan comido… igualmente me encuentro descubriendo aspectos del compartir y de cómo esto se refleja en la obra.

 

Por todo esto, vislumbro esta pieza como central en la muestra 130 latidos bajo el agua, por el desafío que conlleva su desarrollo y por todo lo que desconozco/desconocemos que puede acontecer aún. La suma de sentires, vivencias, capacidades y dones en esa gran mixtura donde se expresa la riqueza del conjunto ¡como perlas encendidas!. Esto me recuerda que somos comunidad, manada, grupo, que nuestra naturaleza se gestiona así…  ¿acaso no es esa gestión también arte?

 

 

 

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