K E R O L I N S

La motivación, la sustancia, la metáfora – 130 latidos bajo el agua




(6 de junio de 2024)

 

 

Estoy sentada en la playa sobre un círculo de conchillas, que está siendo ahora mi “escritorio”, junto al mar, mientras escribo este texto. Mis isquiones tocan esta superficie fría y rugosa, que hace ese particular sonido cuando me muevo, el sol suave de la media tarde de fines de marzo, me acompaña.

 

Escribo y recuerdo la experiencia de buceo, el sentir mi respiración bajo el agua, los movimientos suaves y lentos, los oídos regulándolo todo, la maravillosa extrañeza de la flora y la fauna.

 

La piscina infinita.

 

El hecho de estar sumergida y envuelta por toda esa masa de agua cambió mi percepción del mar, su vida y la de mi ser también. Me sentí muy libre, mientras olvidaba que dependía de un tubo de oxígeno para poder respirar y solo me entregué al asombro.

 

Debe ser por lo significativo de aquel acto, que lo elegí como tema para proyectar una muestra buscando volver a sumergirme y poder compartir esta experiencia a quienes se animen: a tomarse de la soga y descender, poco a poco, a las profundidades.

 

Comprendí, después de varios años de andar nadando por las aguas del mundo del arte y sus muy diversas corrientes submarinas, que necesito descender a lo profundo, a esos lugares que a veces me asustan, para crear. Comprendí que es ahí donde mora la sustancia que alimenta el ser artista más íntimo, esa sustancia que le da sentido a lo que hago y hacemos juntxs como creadores.

 

Para ir cerrando este post, les cuento que el número de latidos: 130, surgió de un estudio que hice, para asistir a clases de natación. Este consistía en subirse a una bicicleta fija a la que le iban agregando peso. En un momento, me sentí muy cansada y le dije al médico que em estaba monitoreando: “¿Cómo voy?” y el me respondió: “Estás en 130”, yo no sabía si era mucho o poco para la resistencia esperada, pero le dije: “¡listo!”.

 

Esa expresión significó poner un límite que, trasladado a la vida como artista, presenta un factor importante para el estado de salud del ser-artista. He aprendido en el camino que saber poner límites a tiempo, a los esfuerzos carentes de un sentido profundo para los propios procesos, trae coherencia en la carrera y paz interior.

 

Por eso, 130 latidos bajo el agua, ese título, me resonó como una invitación a escuchar el corazón en el medio acuático. Esa escucha consciente de un órgano que no cesa su función y que nos remite, como humanidad, a dos lugares/ estados:

 

Por un lado, a nuestras primeras percepciones dentro del vientre materno.

 

Y más lejos aún, a esa sopa acuosa donde tuvieron lugar los primeros microorganismos que trajeron la vida orgánica, de la que descendemos.

 

 

Bueno, es un montón, espero que te sean útiles algunas de estas reflexiones, gracias por llegar hasta este sitio, esto colabora a seguir creando juntxs.

 

¡Nos encontramos en la próxima!

 

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